
Los caracoles van muy despacio para disfrutar de cada paso que hacen en la vida, nosotros en cambio vamos demasiado deprisa porque pensamos que la vida se acaba en un segundo y por eso vivimos al máximo el momento y no perdemos la oportunidad de nada. Pero esos caracoles son tan pequeños que a veces no los vemos pasar y sin querer los pisamos incluso a veces lo hacemos queriendo, no nos damos cuenta pero están sufriendo por dentro. Les estamos haciendo demasiado daño pisándolos. En diferencia a nosotros no nos pisan, nos pisotean dejándonos el corazón roto en mil pedazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario